sábado, 7 de noviembre de 2015

El último grito en tecnología mundana y arcana

            Todos estaban mirando por el escaparate con cara de preocupación. Les había costado mucho llegar allí, habían tenido que esquivar a la multitud de fuera o luchar contra ella para abrirse paso.

-          Esto es peor que una invasión –comentó uno de ellos.
-          No exageres –contestó una mujer que iba mejor vestida y parecía poseer mayor autoridad que el resto.
-          No lo hago, estuve en una. Una vez atacaron mi pueblo en las montañas y salvo por la ausencia de armas, es igualito.
-          Yo de vosotros no apostaría –continuó otro de los presentes-. Me ha parecido ver a uno con una porra.
-          Mirad, por algo soy vuestra jefa. He visto esto otras veces y sé lo que pasa. No os preocupéis, lo que lleven no es para nosotros, es para usarlo entre ellos.

-          ¿Tú crees? –preguntó el asustado muchacho del pueblo asaltado.
-          Por supuesto. Estuve ahí cuando pasó la primera vez y todas las posteriores. No os engañaré, esto será horrible y nada cómodo. Si teníais alguna fe en la humanidad u alguna otra raza inteligente, hoy la perderéis. Hace años vi a una naga intentando estrangular a uno que osó interponerse en su camino. Lo único que podemos hacer es seguir el protocolo habitual en estas situaciones.
-          ¿Qué no nos roben? ¿Vigilar el dinero? ¿Defendernos entre nosotros?
-          Todo eso es cierto, sobre todo lo último. Esto es la guerra y nosotros somos uno de los  bandos. Pero lo más importante es… Por muy injusto que os parezca lo que pase, no intervengáis a menos que parezca que se vayan a matar de verdad. Que luego es un lío tener que limpiar eso y sacar los cadáveres. Desde que pusieron esas nuevas ordenanzas sobre basuras es un problemón deshacerte de ellos.
-          ¿Los oís? Están golpeando la puerta.
-          No me extraña, ya es la hora y estarán impacientes. Ayer vi a uno de ellos dando vueltas por aquí.
-          Entonces… ¿Vamos allí…? –de nuevo el chico atemorizado.
-          ¡Por supuesto que sí! Caballeros, le recuerdo que este es nuestro trabajo y debemos cumplirlo. Por horrible que sea.
-          Tenía que haberme metido a trabajar en el estercolero como quería mi padre –cambió al otro subordinado.
-          Pues ya es tarde y tenemos que hacerlo… ¿Y a ti qué te pasa?
-          Es que estoy a punto de entrar en pánico… -el chico nervioso respiraba con rapidez y sudaba copiosamente-. Vamos, no seas un blandengue. ¡Podremos con esto!
-          No sé yo…
-          Mira, no he llegado hasta este puesto después de años de trabajo para que un novato me lo fastidie. Así que ponte recto o te pego una torta. Créeme que lo haré, he hecho cosas peores… Actos de los que no me enorgullezco, pero todos ellos eran necesarios. No me hagas tener que hacerlo una vez más. ¿Entendido?
-          Sí…
-          ¡No te he oído!
-          ¡Sí, señora!
-          Así me gusta. Que alguien abra las puertas y el resto a sus posiciones.
Dicho esto, todos salieron corriendo de la estancia. Algunos fueron abriendo las cortinas y permitiendo que la luz entrase. Era una espacio amplio, claro y diáfano con un gran número de mostradores y estantes. Estaba claramente la zona donde cobraban y todo lo demás estaba lleno con su producto estrella. Colocados de forma ordenada y resplandeciente, se veían espejos por doquier. De todos los tamaños, grandes, pequeños e incluso algunos de mano que estaban en un pedestal bien protegidos. En el exterior, se oían las voces del gentío que se había congregado allí. Entonces, uno de los empleados abrió las puertas de entrada.
Fue como una inundación. La anterior calma del local fue rota por un tropel de humanos y todo tipo de seres. Un centauro apartaba gente a coces, algunos ya estaban recurriendo a las armas y parecían capaces de matar a su abuela por lo que querían. Justo al lado del mostrador donde estaba la jefa, se veía un cartel anunciando el nuevo lanzamiento que todos esperaban. La universidad de Salbomo ya había desarrollado el nuevo modelo de espejo mágico de nivel seis y todos estaban deseosos de obtenerlo.
-          ¡A ver! –comenzó a vociferar la gerente-. ¡Todo el mundo formando una línea ordenada para pagar! ¡Los que se porten bien recibirán algún regalo extra! ¡Aquí tengo fundas conmemorativas para los cien primeros! ¡Si quieren estar a la última, compren el último modelo de espejo mágico que les permitirá contactar con sus amigos, conocer la actualidad y otras numerosas aplicaciones!