sábado, 7 de noviembre de 2015

El último grito en tecnología mundana y arcana

            Todos estaban mirando por el escaparate con cara de preocupación. Les había costado mucho llegar allí, habían tenido que esquivar a la multitud de fuera o luchar contra ella para abrirse paso.

-          Esto es peor que una invasión –comentó uno de ellos.
-          No exageres –contestó una mujer que iba mejor vestida y parecía poseer mayor autoridad que el resto.
-          No lo hago, estuve en una. Una vez atacaron mi pueblo en las montañas y salvo por la ausencia de armas, es igualito.
-          Yo de vosotros no apostaría –continuó otro de los presentes-. Me ha parecido ver a uno con una porra.
-          Mirad, por algo soy vuestra jefa. He visto esto otras veces y sé lo que pasa. No os preocupéis, lo que lleven no es para nosotros, es para usarlo entre ellos.

-          ¿Tú crees? –preguntó el asustado muchacho del pueblo asaltado.
-          Por supuesto. Estuve ahí cuando pasó la primera vez y todas las posteriores. No os engañaré, esto será horrible y nada cómodo. Si teníais alguna fe en la humanidad u alguna otra raza inteligente, hoy la perderéis. Hace años vi a una naga intentando estrangular a uno que osó interponerse en su camino. Lo único que podemos hacer es seguir el protocolo habitual en estas situaciones.
-          ¿Qué no nos roben? ¿Vigilar el dinero? ¿Defendernos entre nosotros?
-          Todo eso es cierto, sobre todo lo último. Esto es la guerra y nosotros somos uno de los  bandos. Pero lo más importante es… Por muy injusto que os parezca lo que pase, no intervengáis a menos que parezca que se vayan a matar de verdad. Que luego es un lío tener que limpiar eso y sacar los cadáveres. Desde que pusieron esas nuevas ordenanzas sobre basuras es un problemón deshacerte de ellos.
-          ¿Los oís? Están golpeando la puerta.
-          No me extraña, ya es la hora y estarán impacientes. Ayer vi a uno de ellos dando vueltas por aquí.
-          Entonces… ¿Vamos allí…? –de nuevo el chico atemorizado.
-          ¡Por supuesto que sí! Caballeros, le recuerdo que este es nuestro trabajo y debemos cumplirlo. Por horrible que sea.
-          Tenía que haberme metido a trabajar en el estercolero como quería mi padre –cambió al otro subordinado.
-          Pues ya es tarde y tenemos que hacerlo… ¿Y a ti qué te pasa?
-          Es que estoy a punto de entrar en pánico… -el chico nervioso respiraba con rapidez y sudaba copiosamente-. Vamos, no seas un blandengue. ¡Podremos con esto!
-          No sé yo…
-          Mira, no he llegado hasta este puesto después de años de trabajo para que un novato me lo fastidie. Así que ponte recto o te pego una torta. Créeme que lo haré, he hecho cosas peores… Actos de los que no me enorgullezco, pero todos ellos eran necesarios. No me hagas tener que hacerlo una vez más. ¿Entendido?
-          Sí…
-          ¡No te he oído!
-          ¡Sí, señora!
-          Así me gusta. Que alguien abra las puertas y el resto a sus posiciones.
Dicho esto, todos salieron corriendo de la estancia. Algunos fueron abriendo las cortinas y permitiendo que la luz entrase. Era una espacio amplio, claro y diáfano con un gran número de mostradores y estantes. Estaba claramente la zona donde cobraban y todo lo demás estaba lleno con su producto estrella. Colocados de forma ordenada y resplandeciente, se veían espejos por doquier. De todos los tamaños, grandes, pequeños e incluso algunos de mano que estaban en un pedestal bien protegidos. En el exterior, se oían las voces del gentío que se había congregado allí. Entonces, uno de los empleados abrió las puertas de entrada.
Fue como una inundación. La anterior calma del local fue rota por un tropel de humanos y todo tipo de seres. Un centauro apartaba gente a coces, algunos ya estaban recurriendo a las armas y parecían capaces de matar a su abuela por lo que querían. Justo al lado del mostrador donde estaba la jefa, se veía un cartel anunciando el nuevo lanzamiento que todos esperaban. La universidad de Salbomo ya había desarrollado el nuevo modelo de espejo mágico de nivel seis y todos estaban deseosos de obtenerlo.
-          ¡A ver! –comenzó a vociferar la gerente-. ¡Todo el mundo formando una línea ordenada para pagar! ¡Los que se porten bien recibirán algún regalo extra! ¡Aquí tengo fundas conmemorativas para los cien primeros! ¡Si quieren estar a la última, compren el último modelo de espejo mágico que les permitirá contactar con sus amigos, conocer la actualidad y otras numerosas aplicaciones!

martes, 27 de octubre de 2015

Cotilleos de vecindario


-          ¿Y qué opinas del chico que se ha instalado en la casa que alquila el sastre?
Esto lo preguntó una señora mayor a su amiga. Las dos estaban charlando por fuera de la panadería donde habían coincidido por “causalidad”. Una de ellas llevaba todo el día pegada a la ventana para calcular el momento adecuado para salir y encontrarse como quien no quiere la cosa.
-          Sí, lo vi el otro día bajando por mi calle. Parecía bastante responsable e iba muy bien vestido. Dicen que es muy trabajador.
-          Pues sí, nos hacía falta un mago en el barrio. La última vez que se estropeó el alumbrado público, mira que costó encontrar al hechicero que lo arreglase.
-          Querida, eso no fue un técnico, ni siquiera era un brujo. Las farolas van con gas, no con magia.
-          Ay, si es que estos tiempos tan cambiantes… Ya no sé cuando tengo que mover una manivela o pronunciar palabras mágicas… Pero no era eso de lo que te quería hablar, es que en todo esto hay algo que me escama.
-          ¿El qué? ¿A qué te refieres? ¿Has oído algo raro sobre él? –ante esta pregunta, casi se le salían los ojos de las órbitas de puro gozo. Insinuar un cotilleo aquí era algo parecido a pasar una botella de ginebra por delante de un alcohólico.
-          No más de la cuenta. Ya sabes cómo son los magos: escobas aparcadas en el tejado, voces extrañas en la casa aunque esté solo, mobiliario que se va corriendo… No es eso, es que…
-          ¿Sí…? –las dos se acercaron para confabular mejor.
-          Es su gato…
-          ¿Qué le pasa? No será de esos que tienen un diablillo de tres al cuarto como mascota o asistente, ¿no?
-          Es un gato, con las cuatro patas, la cola y los maullidos. Pero es que…
-          ¿Qué? Hija, habla de una vez que parece que te comió la lengua el…
-          No lo digas. Y sé perfectamente de lo que hablo. Ese bicho tiene algo raro. Lo veo merodear por la calle y hay algo extraño. Es como si en sus ojos hubiese algo más. Son demasiado inteligentes y fríos. Es como si lo que hubiese ahí detrás sólo quisiese mantenerte con vida lo suficiente para que le seas útil. Pero a la mínima, ¡zas! Te cortaría como si fueses un pollo.
-          Pues lo que es un gato normalmente, ¿no?
-          ¡Sí pero no! Es que sólo de verlo noto como si algo me reptase por la espalda. Es como escuchar los pasos sobre mi propia tumba o saber que un asesino me está mirando
-          Ay… A ver, querida, estás exagerando. Serán cosas tuyas. Y por mucho que sea el gato de un hechicero, las cosas no son tan siniestras. Pareces esos cuentos de miedo que nos contaban de pequeñas delante de la chimenea.
-          ¿Tú crees?
-          Claro que sí. Es un mago que se encarga de arreglar cacharros mágicos estropeados, algún exorcismo menor cuando tenemos un poltergeist y cosas por el estilo. Si lo miras, a su nivel es tan entretenido como un carpintero. Y no va a ir por ahí con algo que pueda causar daño o destrozar el mundo. Eso como mucho en una de esas universidades donde les gusta ir tanto. No estaría viviendo entre gente normal si hubiese algo con auténtico potencial dañino. No se dedicaría a esto o lo detendrían a la primera de cambio.
-          ¿En serio?
-          Por supuesto, es algo de sentido común. Y de eso tengo mucho. Anda, vamos a mi casa y nos tomamos unas pastas…
-          Miau.

Al oírse el maullido, las dos señoras dieron un brinco en el aire. La que le tenía miedo al gato temblaba como un flan y la otra… Lo que decía lo pensaba realmente, pero después de oír tanto a la otra, hasta a ella se le crispaban los nervios. Lentamente, ambas se giraron en busca de la fuente de ese sonido. No había nadie más en la calle y la presencia del gato de pelo largo oscuro sentado detrás de ella destacaba con fuerza. De hecho, lo hacía demasiado, era como si el animal tuviese una presencia ineludible. Mirabas a los alrededor, pero lo único que podías percibir era a él. El animal caminó hacia ellas con paso tranquilo pero mirándolas fijamente. Las dos mujeres estaban con el corazón encogido y no respiraban. Aquí había algo raro, ambas lo sentían en sus huesos. Pero entonces, el minino, simplemente se frotó contra sus piernas soltando un maullido inocente y ronroneando. Ambas exhalaron un suspiro de puro alivio. Vaya tontería, preocuparse tanto por un animalillo inocente.
Entonces el gato las volvió a mirar fijamente.

-          Si me permite decirlo, querida señora, su razonamiento ha sido sumamente lógico y digno de elogio –comenzó a decir el felino con una voz elegante y sofisticada-. Pero se le olvida un detalle, el factor de la inteligencia. Lo único que hace falta para que algo peligroso esté a salvo y entre inocentes, es que no se haga notar. Se puede ser un lobo entre corderos, al menos mientras te apetezca.

Y entonces, de forma extraña e indefinible el gato les sonrió. Las dos ancianas intentaron abrir la boca para gritar pero ya era tarde. Los ojos del animal ya no tenían ni siquiera pupila, en ellos se veían luces y dibujos extraños y ambas estaban como paralizadas. Siguieron así un momento hasta que se desvanecieron los destellos de la felina mirada. Entonces ambas sonrieron, comenzaron a hablar de tonterías y se fueron calle abajo.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Primero de la Universidad, Arcanología I 2ª parte

-          Y ahora que por fin la mantícora ha dejado de tener gases, podemos comenzar…
El maestro había logrado, finalmente, mantener un poco de orden entre los alumnos. Había que empezar el temario rápidamente. Que a él no es que le importase, había perdido la esperanza en la juventud hacía mucho. Pero ya sabía lo que te hacía el rector si no ibas al día… Todavía había miembros del profesorado que se despertaban con parásitos que sólo ellos veían y sentían como les roía la carne.
-          …Y lo haremos por las leyes de la magia de Plakiarkos. ¿Les suena de algo? No es que confíe mucho en vuestra educación previa, pero me tengo que cerciorar.
-          Plakiarkos era un filósofo de Antropía –contestó una voz de entre la multitud.
-          En efecto, es un antiguo filósofo que lleva la tira de años bajo tierra. Pero como hizo bien su trabajo, todavía hablamos de él todos los días. Y el viejo Plakiarkos lo hizo bien y fue de los primeros, por eso aún se habla de sus reglas. ¿Puede alguien decirme alguna? –como respuesta, llegó un sonido que no tenía palabras pero cuyo significado era evidente-. Espero que esa ventosidad haya sido de  la mantícora, porque con los graciosos tengo poca paciencia. Les recuerdo que aparte de esto, soy catedrático en electromancia. ¿Alguien quiere volver a casa bien frito? ¿No? Pues espero una respuesta en menos de un minuto o empiezo a disparar –algunos estudiantes se preguntaron si eso era una exageración. Miraron por un segundo las manchas oscuras de fuego en la pared y decidieron que era mejor no jugársela.
-          La magia es omnipresente pero no de forma homogénea.
-          Exacto, eso es lo que provoca que haya áreas de Tellus especialmente encantadas o lo contrario. Seguro que alguno de los presentes ha visto alguna vez un lugar famoso por apariciones extrañas, flora y fauna inusual o con anomalías. Como ese pueblo donde la gente paga los impuestos con ilusión y sin necesidad de sacar al ejército. Y en el lado contrario, eso sitios donde no funciona ni un encantamiento simple. Más leyes de Plakiarkos, rápido.
-          ¿Era lo de los materiales que conducen o no la energía arcana? –respondió una alumna.
-          En efecto, igual que con la electricidad, la magia puede ser acumulada o repelida por algunas materias. Todos conocen de sobra la hierba moli que puede impedir que un hechicero use sus artes.
-          También estaba lo de que la magia era difícil pero a veces hasta un tonto puede usarla.
-          Bingo. El conocido lema de que puede costar fabricar una espada mágica, pero hasta un campesino iletrado con un antojo extraño en la cara y una paternidad dudosa puede usarla para que lo coronen rey. La causa por la que prácticamente todo el mundo tiene algún artilugio arcano de uso doméstico. Que si un horno mil infiernos, medios de transporte voladores, armarios refrigerentes…
-          Toda magia tiene un precio.
-          Ya era hora, la más importante y siempre la mencionan tarde. Para los que no hayan usado aún sortilegios en condiciones, con el tiempo se cansarán cada vez más. Todo cuesta algo, y a más poderoso el hechizo, más complicado es usarlo. Pero que nadie tenga miedo, a menos que se pasen de la raya, no acabarán convertidos en un montoncito de polvo ridículo. Y por eso mismo, tampoco recurrimos a lo mágico para solucionar todos nuestros problemas. Muchas veces es más eficiente limitarnos a métodos mundanos.

-          La emoción es necesaria para ser mago.
-          Exacto, las mentes provocan alteraciones en los efluvios místicos del ambiente a través de sus estados mentales. Una sensación muy intensa puede alterar el efecto deseado. ¿Qué papel tiene en esto los encantamientos, palabras mágicas, gestos y otras zarandajas? El que lo conteste se librará de cualquier electrocución de aquí a que acabe el curso.
-          Es necesario para favorecer que el mago encuentre el estado ideal para enfocarse en sus conjuros.
-          Exacto, es como… ¿Cómo era esa palabra deviana para una frase que repites al hacer algo?
-          ¿Mantra?
-          Sí, esa.
-          Profesor, ¿y la otra ley? La de que la magia tiene vida propia.
-          Por supuesto. A veces, la energía chtónica puede aprender de las emociones que interactúan con ella y volverse un ser sintiente, más o menos. ¿Cuántas veces hemos oído hablar sobre estatuas parlantes, armas encantadas con personalidad y similares?
-          ¿Y qué pasa con la posible relación de esta idea con la existencia de los dioses? –a lo lejos se oyó como el viento comenzaba a soplar con fuerza.
-          Si… ¿Alguien sabe si ya han reparado el pararrayos de la universidad?
-          No desde que cayó aquel rayo en el departamento de pensamiento ateo de la Facultad de Filosofía.

-          Pues hasta que no lo arreglen, no hablaremos del tema. Le tengo aprecio a mi vida y los dioses suelen tener muy mal carácter. Y ahora analicemos estas premisas…

miércoles, 7 de octubre de 2015

Nuevas Tecnologías

            Ángela corría por las escaleras que llevaban a su habitación. Había vuelto de dar un paseo y entonces su madre le dio la buena noticia. ¡Por fin lo tenían! Les había costado más de un mes, negociar con varias tiendas y un buen pastizal. Pero claro, ellos no iban a ser menos que otros de sus conocidos que ya lo tenían. Eran una familia de comerciantes que aunque no movía millones, tenían ciertas ganancias y les gustaba hacerlo notar. De esas personas que van por ahí dejando bien claro que llevan ropa nueva, cuánto les ha costado y presumen de su excelente diseño y factura. Resumiendo, probablemente más de la mitad de los lugareños tenían ganas de partirles la cara a golpe de yunque. Pero claro, seguía siendo un pueblo, así que más valía llevarte bien con los vecinos. Probablemente los verías cada día del resto de tu vida, así que mejor ser educados y corteses. Total, siempre te quedaba la opción de ponerlos a parir cuando se daban la vuelta.
            Pero a Ángela le daba lo mismo, tenía lo que quería y todo lo demás le daba igual. Era hija única y sus padres la valoraban tanto que probablemente se extralimitaban un poco a la hora de mimarla. Aunque en este caso era como decir que un dictador que pasaba a cuchillo hasta al perro tenía un gobierno un pelín severo. Así que Ángela, ignoró todo lo que tenía alrededor (lo que incluía a los criados y que provocó que una sirviente casi se cayese por las escaleras) y fue hasta su habitación. Abrió la puerta con la misma delicadeza que un martillo pilón tira una pared y lo vio.
            Encima de la cama, cubierta con un peligroso nivel de encajes y tan rosa y llena de peluches que debía provocar diabetes, estaba una caja blanca. Se aproximó y la observó con detenimiento. Tenía una superficie perfectamente lisa y pulida. Encima, había dibujado un logo estilizado, la marca de la universidad de magos que la había producido. Ángela le quitó la tapa, apartó el embalaje protector y allí estaba.
            Un espejo.
            Lo cogió y lo ponderó con delicadeza, se preguntó cómo funcionaba. Había visto a algunos conocidos usarlos, pero nunca cómo se empezaba. Aunque parezca que esta pobre (es un decir) muchacha fuese tonta, no lo era tanto como parecía. Sacó del paquete un papel que venía con unas instrucciones básicas de funcionamiento. Lo leyó un momento y vio justo lo que necesitaba. Entonces sonrió, lo miró y dijo lo que debía.
-          Espejo, espejito –y como respuesta a sus palabras, la superficie reflectante del espejo se nubló. Fue como si mirases por una ventana y afuera hubiese un incendio. Duró unos segundos hasta que la humareda se disipó y en su lugar había un rostro flotante con expresión neutra.
-          ¡Gracias por comprar un espejo mágico Heliotropic! ¡Desde la universidad de Aredia nos enorgullecemos de ofrecer los mejores productos arcanos para las necesidades del hombre corriente! ¿Cuál es el nombre de mi futuro amo/a?
-     Soy Ángela Norvial.
-    Perfecto, ¿y vuestro sexo?
-    Eh... Mujer, ¿no es obvio?
-    Hasta que no se introduzcan claramente esos datos no puedo aplicar razonamientos u opiniones. Vengo así de fábrica.
-     Ah, claro, disculpa.
-     No hay problema ama, tampoco es para tanto. Y ahora, ¿qué tipo de personalidad o servicios espera de mí?
-    Pues... -normalmente la mayor duda existencial de Ángela era cómo iba a combinar el sombrero con los zapatos, cuestiones de la última tecnología de Tellus era algo que se le escapaba-. Supongo que estará bien con que seas amable.
-    Perfecto, si desea cambiar la personalidad podrá ser solicitado luego. Introduciendo personalidad amable... Buenos días queridísima ama, ¿en qué puedo atenderos hoy en este día tan hermoso?
-          Mmm, suenas un poco estirado. ¿Podrías ser algo más alegre y divertido?
-          ¿Qué he de entender por eso?
-          Yo qué sé… Pues que hagas chistes, comentarios ocurrentes, que opines de mi ropa.
-          Ah, ya veo… Quizás esto funcione… ¡¿Cómo va eso, ama?! ¡Hoy estás espectacular! Puede que sólo sea una superficie reflectante y no tenga órganos, pero viéndote hasta me late el corazón.
-          Eso está mejor. ¿Y cómo hago que puedas mostrarme qué pasa lejos?
-          Dime dónde o quién y te lo enseñaré en un santiamén
-          ¿En serio? ¿Sabrás hacerlo?
-          Por supuesto, soy el mejor en mi trabajo. Estoy conectado a la red de reflejos. Los espejos compartimos los datos que no son privados y cuánto más, mejor lo hacemos.
-          Genial porque quería espiar al chico que vive un par de calles más abajo… Será el hijo del herrero pero está cañón…
-          Ay… -aunque acabase de tomar consciencia, el espejo tenía ciertos conocimientos y recuerdos que el fabricante pensó que le serían útiles-. Creo que debo decirte que eso podría darte problemas legales y muchos sitios están bloqueados a mi escudriñamiento…
-          Haz lo que puedas al menos. Vamos… ¡Tiene unos brazos que parece un buey! Entiéndeme…
-          ¿Recuerdas lo que dije de que no tengo órganos? Cuando careces de carne y hueso esas cosas funcionan diferente…
-          ¡Soy tu ama! ¡Haz lo que te pido!
-          Bueno… Aunque, ¿sabes que sirvo para otras cosas? Puedes hablar con amigos que tengan un espejo u obtener información. Todavía está en fase de prueba, pero se pueden leer algunos libros a través de mí y también escuchar música…
-          Has costado un montón de dinero así que ya estás haciendo lo que te he ordenado. Quiero verlo a él y ahora. Y si lo pillas bañándose en la alberca o algo así, ¡mejor!
-          No me acabo de sentir cómodo con esto…
-          ¡¿No decías que no sentías las cosas igual?!
-          Creo que la vergüenza sí.
-          ¿Ah sí? ¿Y el miedo? –Ángela abrió un cajón y sacó un martillo pequeño que sopesó ligeramente.
-          ¡Eso seguro que sí! ¡Marchando un herrero en cueros! Aunque si no es mucho pedir, ¿luego me puedes pasar un poco de limpiacristales? Me siento sucio…

-          Depende de la carne que se vea, en marcha.


martes, 22 de septiembre de 2015

¿Y por qué Tellus?

 ¿Y POR QUÉ TELLUS?
            Normalmente el bautizar cosas importantes (países, planetas, hitos geográficos llamativos o pasteles deliciosos), responde a una pequeña series de posibilidades. Por ejemplo, ser el primero en decirlo, la denominación de uso más general, dónde sucedió o una imposición por la victoria de alguien. El que el planeta se llame a nivel general Tellus es debido a esto último, aunque a diferencia de otras situaciones, no vino de una guerra.
            Hace siglos, hubo una cumbre de magos y científicos. Para los habitantes de Tellus, pese a lo espectacular que puedan ser las fuerzas arcanas, no son más que otra de esas aburridas fuerzas de la naturaleza. Al mismo nivel que la gravedad o la imposibilidad masculina de distinguir variedades cromáticas sutiles. Así que ya que iba todo junto, el pensar en ciencia y magia por separado les parecía una tontería. A fin de cuentas no eran más que dos ramas del saber y la técnica.
            Pues ese día, hace tantos años, se trataron distintos asuntos de tipo académico. Algunos tan aburridos como para desear levantarte la tapa de los sesos a golpes de azada (lo normal en estas reuniones), pero había un tema que despuntaba claramente. Los geógrafos, cartógrafos, geólogos y otra fauna similar discutían cómo denominar a su mundo de forma estándar.
-          A ver… -el moderador jefe, un anciano geógrafo, intentaba llamar al orden-. Les recuerdo que dado que la disputa de si el mundo es redondo, plano, hexagonal o parece una enorme galleta, lo dejamos para el debate de pasado mañana. Hoy sólo tenemos que escoger un nombre, así que eviten que las denominaciones incluyan referencias a formas. ¿Entendido? Y eso va por la delegación de Jotunheim, que el que sea un árbol va incluido en eso.
-          Pero… -intentó protestar un hombre envuelto en pieles de lobo y con un casco con cuernos.
-          ¡He dicho! Bien, así que pasemos a la lista de opciones –comenzó a leer una hoja-. Veo que todos han tenido exactamente la misma idea, simplemente llamarlo como se dice en sus países… Veo que está Gerekia, como dicen en el Imperio Púrpura y Antropía. Los delegados de las grandes cordilleras del Continente Central dicen que Bërzwoll. También tenemos del Continente Dorado: Armesia (mazdarano) y Balhayan (deviano) entre otros muchos. Señores, a este paso no vamos a llegar nunca a un acuerdo…
-          Pues apliquemos otro criterio –intervino un delegado del Imperio de Seres. Honorablemente, sugiero escoger en relación a la antigüedad de las denominaciones…

-          ¡Ah no! –saltó una cartógrafa de Fidelia-. Mi país se constituyó hace dos siglos, no podemos competir con el milenario Seres.
-          ¿Y por criterios numéricos? –volvió el sereano.
-          Claro, como en vuestro país sois ciento y la madre que os parió

-          ¡Sin faltar, bárbara!
-          ¿Cómo que bárbara? Me lo dice un tipo al que le encanta embutir los pies de las mujeres como morcillas y que se deja ese bigote tan ridículo. ¿Se te indigestó algún nido de golondrina cubierto de escupitajos de pájaro de esos que coméis?
-          ¿Y cómo es que una Fidelia hace algo que no implique que le paguen? –Fidelia era una república de mercaderes bien conocida por sus tratos implacables.
-          ¡Ven aquí que te voy a arrancar ese mostacho con mis propias manos!
Y con eso bastó para que se iniciasen los altercados. Entre este lío, siguiendo la tónica general en política internacional, cada uno aprovechó para guardar por sus intereses y atizar al que le tenía más manía. El moderador intentó calmar los ánimos pero todo el mundo lo ignoraba y seguían peleándose.
Semejante revuelo duró unos minutos hasta que de repente, se oyó un golpe sonoro y contundente. Era como si alguien hubiese golpeado una piedra con un enorme mazo. Todos se quedaron quietos en sus posiciones por pura sorpresa. ¿Qué podía haber sido eso? Pero antes de que pudiesen siquiera buscar el origen del ruido, uno de ellos cayó al suelo como si fuese un saco de patatas. Entonces vieron quién lo había hecho. De pie, estaba el geógrafo Arcadio con cara de satisfacción y un libro en las manos. En la portada ponía “Geografía”, su obra, y era bastante más voluminoso que la edición de bolsillo. Además, todos pudieron apreciar claramente como la cubierta tenía un destello metálico, estaba forrado con plomo y remaches de hierro.

-          Queridos compañeros –comenzó a hablar Arcadio-. Desde mi humilde opinión (y la de mi extenso tratado), el nombre adecuado para nuestro planeta sería Tellus, como decían los antiguos maestros del saber de mi país. Si a alguien no le gusta, estoy más que dispuesto a discutirlo como acabo de hacerlo –y balanceó suavemente el libro. En la contraportada  se veía la abolladura del cráneo del caído.         
Y así el planeta fue bautizado internacionalmente como Tellus.

martes, 15 de septiembre de 2015

Primero de la universidad: Arcanología I

            El profesor se acercó a la puerta del aula. Se quedó por un momento de pie e inspiró profundamente. Esperaba que le valiese con el carajillo especial de la cantina de docentes para aguantar.  Lo preparaba el catedrático de Antropología Tribal y nunca aclaraba qué llevaba. Sólo que se lo había sacado a alguna tribu y que sus chamanes lo usaban para “ponerse a tono” antes de hablar con los dioses. Aquí le echaban sólo dos gotas, con la tercera te subías por las paredes (literalmente) y comenzabas a hablar con los muebles. Pero con las dos, lo único que conseguías era que se fuesen las ganas de suicidarte. Vamos, lo que es normal en un día habitual como enseñante.
            Pero ahora tenía que  empezar, así que hizo el último acopio de fuerzas y entró. Cuando pasó, se oía a los alumnos hablar pero nada más verlo se callaron. En realidad eso no era bueno, no en primero y menos aún en esta asignatura. El maestro se acercó con cuidado a su mesa intentando mirar dónde pisaba, no era la primera vez que le ponían algo raro en el suelo. En una escuela habitual, lo más que te podías esperar es que te pusiesen una chincheta en la silla, algo apestoso o pegamento en el borrador de la pizarra. Pero siendo esta una institución arcana, más valía andarse con cuidado. Un compañero suyo que era especialmente duro con sus alumnos se topó con problemas serios… Se olvidó de que nunca era buena idea enfadar a magos que estaban aprendiendo a usar hechizos de fuego. Todavía no le había terminado de crecer la ceja derecha.
            Dio varios pasos sobre el embaldosado intentando evitar posibles ángulos de tiro de conjuros que temía que usasen contra él. También se aseguró de comprobar si le habían dejado algo invisible, imagina, caminar tan tranquilo y de repente hay un puercoespín que no ves. Luego, examinó su asiento y la mesa, pero todo parecía inocuo. Nada de presencias pavorosas en los cajones, pentáculos dibujados cargados de maldiciones ni nada así. Todo estaba limpio y hasta había una manzana. El profesor se sintió fatal por ser tan desconfiado. Mira que eran buenos, él pensando que lo trincharían vivo y hasta le traían un obsequio clásico para maestros. Con ilusión, estiró su mano hacia el fruto para probarlo cuando el vegetal se movió. Por un momento creyó que era cosa suya, así que volvió a intentar agarrarla y ella se movió ligeramente a un lado. Sin pensar siquiera en que podría ser algo peligroso, probó de nuevo y sucedió lo mismo. Entonces se quedó quieto, como quien no quiere la cosa ni pensase en ello. Hasta miró en otra dirección. Pero de repente, con un movimiento veloz y ágil, deslizó su mano hacia ella dispuesta a capturarla. Sin embargo, la manzana no se dejó pillar tan fácilmente y ahora no es que se deslizase, es que se fue corriendo. Él pudo ver claramente como tenía dos piernas que le permitieron dar unas cuantas zancadas y escaparse. La fruta se acercó al borde del escritorio, cogió impulso y saltó al vacío alejándose a toda prisa.
-          Muy buena, esa no me la veía venir –dijo el profesor-. Aunque no pienso ir a buscarla. O alguien la encuentra o se quedan aquí hasta que lo logren. ¿Se creen que es broma? Como se nota que son de primero, animar objetos puede dar problemas. No quiero toparme con esa manzana violando a la merienda de alguien o montando una civilización en esta aula. Y ahora, empecemos con…
Su discurso se vio interrumpido por un sonido gutural y profundo. Era un eructo en toda regla pero no parecía del todo humano. Sonaba como una vaca con sinusitis eructando mientras rumiaba. Se le ocurrió de dónde podía venir y miró en esa dirección. Sí, justo lo que pensaba.

-          ¿Y quién ha sido el brillante prodigio que le ha dado de comer algo raro a la mantícora enana de la clase? ¡¿Es que no sabéis leer el cartel?! “No den de comer a la mantícora”. Tiene un estómago muy delicado y… -se oyó otro exabrupto del pobre animal y un sonido como un siseo-. ¿Ven? Ya le ha dado acidez de estómago. No se preocupen, la jaula resiste su vómito corrosivo, pero que luego alguien limpie las manchas del suelo, que nos come la baldosa. Y cuidado, pueden perder un dedo en sus fauces, no es que me importe pero luego las familias se quejan y son de lo más insufrible. Comencemos de una vez y sin interrupciones…