martes, 27 de octubre de 2015

Cotilleos de vecindario


-          ¿Y qué opinas del chico que se ha instalado en la casa que alquila el sastre?
Esto lo preguntó una señora mayor a su amiga. Las dos estaban charlando por fuera de la panadería donde habían coincidido por “causalidad”. Una de ellas llevaba todo el día pegada a la ventana para calcular el momento adecuado para salir y encontrarse como quien no quiere la cosa.
-          Sí, lo vi el otro día bajando por mi calle. Parecía bastante responsable e iba muy bien vestido. Dicen que es muy trabajador.
-          Pues sí, nos hacía falta un mago en el barrio. La última vez que se estropeó el alumbrado público, mira que costó encontrar al hechicero que lo arreglase.
-          Querida, eso no fue un técnico, ni siquiera era un brujo. Las farolas van con gas, no con magia.
-          Ay, si es que estos tiempos tan cambiantes… Ya no sé cuando tengo que mover una manivela o pronunciar palabras mágicas… Pero no era eso de lo que te quería hablar, es que en todo esto hay algo que me escama.
-          ¿El qué? ¿A qué te refieres? ¿Has oído algo raro sobre él? –ante esta pregunta, casi se le salían los ojos de las órbitas de puro gozo. Insinuar un cotilleo aquí era algo parecido a pasar una botella de ginebra por delante de un alcohólico.
-          No más de la cuenta. Ya sabes cómo son los magos: escobas aparcadas en el tejado, voces extrañas en la casa aunque esté solo, mobiliario que se va corriendo… No es eso, es que…
-          ¿Sí…? –las dos se acercaron para confabular mejor.
-          Es su gato…
-          ¿Qué le pasa? No será de esos que tienen un diablillo de tres al cuarto como mascota o asistente, ¿no?
-          Es un gato, con las cuatro patas, la cola y los maullidos. Pero es que…
-          ¿Qué? Hija, habla de una vez que parece que te comió la lengua el…
-          No lo digas. Y sé perfectamente de lo que hablo. Ese bicho tiene algo raro. Lo veo merodear por la calle y hay algo extraño. Es como si en sus ojos hubiese algo más. Son demasiado inteligentes y fríos. Es como si lo que hubiese ahí detrás sólo quisiese mantenerte con vida lo suficiente para que le seas útil. Pero a la mínima, ¡zas! Te cortaría como si fueses un pollo.
-          Pues lo que es un gato normalmente, ¿no?
-          ¡Sí pero no! Es que sólo de verlo noto como si algo me reptase por la espalda. Es como escuchar los pasos sobre mi propia tumba o saber que un asesino me está mirando
-          Ay… A ver, querida, estás exagerando. Serán cosas tuyas. Y por mucho que sea el gato de un hechicero, las cosas no son tan siniestras. Pareces esos cuentos de miedo que nos contaban de pequeñas delante de la chimenea.
-          ¿Tú crees?
-          Claro que sí. Es un mago que se encarga de arreglar cacharros mágicos estropeados, algún exorcismo menor cuando tenemos un poltergeist y cosas por el estilo. Si lo miras, a su nivel es tan entretenido como un carpintero. Y no va a ir por ahí con algo que pueda causar daño o destrozar el mundo. Eso como mucho en una de esas universidades donde les gusta ir tanto. No estaría viviendo entre gente normal si hubiese algo con auténtico potencial dañino. No se dedicaría a esto o lo detendrían a la primera de cambio.
-          ¿En serio?
-          Por supuesto, es algo de sentido común. Y de eso tengo mucho. Anda, vamos a mi casa y nos tomamos unas pastas…
-          Miau.

Al oírse el maullido, las dos señoras dieron un brinco en el aire. La que le tenía miedo al gato temblaba como un flan y la otra… Lo que decía lo pensaba realmente, pero después de oír tanto a la otra, hasta a ella se le crispaban los nervios. Lentamente, ambas se giraron en busca de la fuente de ese sonido. No había nadie más en la calle y la presencia del gato de pelo largo oscuro sentado detrás de ella destacaba con fuerza. De hecho, lo hacía demasiado, era como si el animal tuviese una presencia ineludible. Mirabas a los alrededor, pero lo único que podías percibir era a él. El animal caminó hacia ellas con paso tranquilo pero mirándolas fijamente. Las dos mujeres estaban con el corazón encogido y no respiraban. Aquí había algo raro, ambas lo sentían en sus huesos. Pero entonces, el minino, simplemente se frotó contra sus piernas soltando un maullido inocente y ronroneando. Ambas exhalaron un suspiro de puro alivio. Vaya tontería, preocuparse tanto por un animalillo inocente.
Entonces el gato las volvió a mirar fijamente.

-          Si me permite decirlo, querida señora, su razonamiento ha sido sumamente lógico y digno de elogio –comenzó a decir el felino con una voz elegante y sofisticada-. Pero se le olvida un detalle, el factor de la inteligencia. Lo único que hace falta para que algo peligroso esté a salvo y entre inocentes, es que no se haga notar. Se puede ser un lobo entre corderos, al menos mientras te apetezca.

Y entonces, de forma extraña e indefinible el gato les sonrió. Las dos ancianas intentaron abrir la boca para gritar pero ya era tarde. Los ojos del animal ya no tenían ni siquiera pupila, en ellos se veían luces y dibujos extraños y ambas estaban como paralizadas. Siguieron así un momento hasta que se desvanecieron los destellos de la felina mirada. Entonces ambas sonrieron, comenzaron a hablar de tonterías y se fueron calle abajo.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Primero de la Universidad, Arcanología I 2ª parte

-          Y ahora que por fin la mantícora ha dejado de tener gases, podemos comenzar…
El maestro había logrado, finalmente, mantener un poco de orden entre los alumnos. Había que empezar el temario rápidamente. Que a él no es que le importase, había perdido la esperanza en la juventud hacía mucho. Pero ya sabía lo que te hacía el rector si no ibas al día… Todavía había miembros del profesorado que se despertaban con parásitos que sólo ellos veían y sentían como les roía la carne.
-          …Y lo haremos por las leyes de la magia de Plakiarkos. ¿Les suena de algo? No es que confíe mucho en vuestra educación previa, pero me tengo que cerciorar.
-          Plakiarkos era un filósofo de Antropía –contestó una voz de entre la multitud.
-          En efecto, es un antiguo filósofo que lleva la tira de años bajo tierra. Pero como hizo bien su trabajo, todavía hablamos de él todos los días. Y el viejo Plakiarkos lo hizo bien y fue de los primeros, por eso aún se habla de sus reglas. ¿Puede alguien decirme alguna? –como respuesta, llegó un sonido que no tenía palabras pero cuyo significado era evidente-. Espero que esa ventosidad haya sido de  la mantícora, porque con los graciosos tengo poca paciencia. Les recuerdo que aparte de esto, soy catedrático en electromancia. ¿Alguien quiere volver a casa bien frito? ¿No? Pues espero una respuesta en menos de un minuto o empiezo a disparar –algunos estudiantes se preguntaron si eso era una exageración. Miraron por un segundo las manchas oscuras de fuego en la pared y decidieron que era mejor no jugársela.
-          La magia es omnipresente pero no de forma homogénea.
-          Exacto, eso es lo que provoca que haya áreas de Tellus especialmente encantadas o lo contrario. Seguro que alguno de los presentes ha visto alguna vez un lugar famoso por apariciones extrañas, flora y fauna inusual o con anomalías. Como ese pueblo donde la gente paga los impuestos con ilusión y sin necesidad de sacar al ejército. Y en el lado contrario, eso sitios donde no funciona ni un encantamiento simple. Más leyes de Plakiarkos, rápido.
-          ¿Era lo de los materiales que conducen o no la energía arcana? –respondió una alumna.
-          En efecto, igual que con la electricidad, la magia puede ser acumulada o repelida por algunas materias. Todos conocen de sobra la hierba moli que puede impedir que un hechicero use sus artes.
-          También estaba lo de que la magia era difícil pero a veces hasta un tonto puede usarla.
-          Bingo. El conocido lema de que puede costar fabricar una espada mágica, pero hasta un campesino iletrado con un antojo extraño en la cara y una paternidad dudosa puede usarla para que lo coronen rey. La causa por la que prácticamente todo el mundo tiene algún artilugio arcano de uso doméstico. Que si un horno mil infiernos, medios de transporte voladores, armarios refrigerentes…
-          Toda magia tiene un precio.
-          Ya era hora, la más importante y siempre la mencionan tarde. Para los que no hayan usado aún sortilegios en condiciones, con el tiempo se cansarán cada vez más. Todo cuesta algo, y a más poderoso el hechizo, más complicado es usarlo. Pero que nadie tenga miedo, a menos que se pasen de la raya, no acabarán convertidos en un montoncito de polvo ridículo. Y por eso mismo, tampoco recurrimos a lo mágico para solucionar todos nuestros problemas. Muchas veces es más eficiente limitarnos a métodos mundanos.

-          La emoción es necesaria para ser mago.
-          Exacto, las mentes provocan alteraciones en los efluvios místicos del ambiente a través de sus estados mentales. Una sensación muy intensa puede alterar el efecto deseado. ¿Qué papel tiene en esto los encantamientos, palabras mágicas, gestos y otras zarandajas? El que lo conteste se librará de cualquier electrocución de aquí a que acabe el curso.
-          Es necesario para favorecer que el mago encuentre el estado ideal para enfocarse en sus conjuros.
-          Exacto, es como… ¿Cómo era esa palabra deviana para una frase que repites al hacer algo?
-          ¿Mantra?
-          Sí, esa.
-          Profesor, ¿y la otra ley? La de que la magia tiene vida propia.
-          Por supuesto. A veces, la energía chtónica puede aprender de las emociones que interactúan con ella y volverse un ser sintiente, más o menos. ¿Cuántas veces hemos oído hablar sobre estatuas parlantes, armas encantadas con personalidad y similares?
-          ¿Y qué pasa con la posible relación de esta idea con la existencia de los dioses? –a lo lejos se oyó como el viento comenzaba a soplar con fuerza.
-          Si… ¿Alguien sabe si ya han reparado el pararrayos de la universidad?
-          No desde que cayó aquel rayo en el departamento de pensamiento ateo de la Facultad de Filosofía.

-          Pues hasta que no lo arreglen, no hablaremos del tema. Le tengo aprecio a mi vida y los dioses suelen tener muy mal carácter. Y ahora analicemos estas premisas…

miércoles, 7 de octubre de 2015

Nuevas Tecnologías

            Ángela corría por las escaleras que llevaban a su habitación. Había vuelto de dar un paseo y entonces su madre le dio la buena noticia. ¡Por fin lo tenían! Les había costado más de un mes, negociar con varias tiendas y un buen pastizal. Pero claro, ellos no iban a ser menos que otros de sus conocidos que ya lo tenían. Eran una familia de comerciantes que aunque no movía millones, tenían ciertas ganancias y les gustaba hacerlo notar. De esas personas que van por ahí dejando bien claro que llevan ropa nueva, cuánto les ha costado y presumen de su excelente diseño y factura. Resumiendo, probablemente más de la mitad de los lugareños tenían ganas de partirles la cara a golpe de yunque. Pero claro, seguía siendo un pueblo, así que más valía llevarte bien con los vecinos. Probablemente los verías cada día del resto de tu vida, así que mejor ser educados y corteses. Total, siempre te quedaba la opción de ponerlos a parir cuando se daban la vuelta.
            Pero a Ángela le daba lo mismo, tenía lo que quería y todo lo demás le daba igual. Era hija única y sus padres la valoraban tanto que probablemente se extralimitaban un poco a la hora de mimarla. Aunque en este caso era como decir que un dictador que pasaba a cuchillo hasta al perro tenía un gobierno un pelín severo. Así que Ángela, ignoró todo lo que tenía alrededor (lo que incluía a los criados y que provocó que una sirviente casi se cayese por las escaleras) y fue hasta su habitación. Abrió la puerta con la misma delicadeza que un martillo pilón tira una pared y lo vio.
            Encima de la cama, cubierta con un peligroso nivel de encajes y tan rosa y llena de peluches que debía provocar diabetes, estaba una caja blanca. Se aproximó y la observó con detenimiento. Tenía una superficie perfectamente lisa y pulida. Encima, había dibujado un logo estilizado, la marca de la universidad de magos que la había producido. Ángela le quitó la tapa, apartó el embalaje protector y allí estaba.
            Un espejo.
            Lo cogió y lo ponderó con delicadeza, se preguntó cómo funcionaba. Había visto a algunos conocidos usarlos, pero nunca cómo se empezaba. Aunque parezca que esta pobre (es un decir) muchacha fuese tonta, no lo era tanto como parecía. Sacó del paquete un papel que venía con unas instrucciones básicas de funcionamiento. Lo leyó un momento y vio justo lo que necesitaba. Entonces sonrió, lo miró y dijo lo que debía.
-          Espejo, espejito –y como respuesta a sus palabras, la superficie reflectante del espejo se nubló. Fue como si mirases por una ventana y afuera hubiese un incendio. Duró unos segundos hasta que la humareda se disipó y en su lugar había un rostro flotante con expresión neutra.
-          ¡Gracias por comprar un espejo mágico Heliotropic! ¡Desde la universidad de Aredia nos enorgullecemos de ofrecer los mejores productos arcanos para las necesidades del hombre corriente! ¿Cuál es el nombre de mi futuro amo/a?
-     Soy Ángela Norvial.
-    Perfecto, ¿y vuestro sexo?
-    Eh... Mujer, ¿no es obvio?
-    Hasta que no se introduzcan claramente esos datos no puedo aplicar razonamientos u opiniones. Vengo así de fábrica.
-     Ah, claro, disculpa.
-     No hay problema ama, tampoco es para tanto. Y ahora, ¿qué tipo de personalidad o servicios espera de mí?
-    Pues... -normalmente la mayor duda existencial de Ángela era cómo iba a combinar el sombrero con los zapatos, cuestiones de la última tecnología de Tellus era algo que se le escapaba-. Supongo que estará bien con que seas amable.
-    Perfecto, si desea cambiar la personalidad podrá ser solicitado luego. Introduciendo personalidad amable... Buenos días queridísima ama, ¿en qué puedo atenderos hoy en este día tan hermoso?
-          Mmm, suenas un poco estirado. ¿Podrías ser algo más alegre y divertido?
-          ¿Qué he de entender por eso?
-          Yo qué sé… Pues que hagas chistes, comentarios ocurrentes, que opines de mi ropa.
-          Ah, ya veo… Quizás esto funcione… ¡¿Cómo va eso, ama?! ¡Hoy estás espectacular! Puede que sólo sea una superficie reflectante y no tenga órganos, pero viéndote hasta me late el corazón.
-          Eso está mejor. ¿Y cómo hago que puedas mostrarme qué pasa lejos?
-          Dime dónde o quién y te lo enseñaré en un santiamén
-          ¿En serio? ¿Sabrás hacerlo?
-          Por supuesto, soy el mejor en mi trabajo. Estoy conectado a la red de reflejos. Los espejos compartimos los datos que no son privados y cuánto más, mejor lo hacemos.
-          Genial porque quería espiar al chico que vive un par de calles más abajo… Será el hijo del herrero pero está cañón…
-          Ay… -aunque acabase de tomar consciencia, el espejo tenía ciertos conocimientos y recuerdos que el fabricante pensó que le serían útiles-. Creo que debo decirte que eso podría darte problemas legales y muchos sitios están bloqueados a mi escudriñamiento…
-          Haz lo que puedas al menos. Vamos… ¡Tiene unos brazos que parece un buey! Entiéndeme…
-          ¿Recuerdas lo que dije de que no tengo órganos? Cuando careces de carne y hueso esas cosas funcionan diferente…
-          ¡Soy tu ama! ¡Haz lo que te pido!
-          Bueno… Aunque, ¿sabes que sirvo para otras cosas? Puedes hablar con amigos que tengan un espejo u obtener información. Todavía está en fase de prueba, pero se pueden leer algunos libros a través de mí y también escuchar música…
-          Has costado un montón de dinero así que ya estás haciendo lo que te he ordenado. Quiero verlo a él y ahora. Y si lo pillas bañándose en la alberca o algo así, ¡mejor!
-          No me acabo de sentir cómodo con esto…
-          ¡¿No decías que no sentías las cosas igual?!
-          Creo que la vergüenza sí.
-          ¿Ah sí? ¿Y el miedo? –Ángela abrió un cajón y sacó un martillo pequeño que sopesó ligeramente.
-          ¡Eso seguro que sí! ¡Marchando un herrero en cueros! Aunque si no es mucho pedir, ¿luego me puedes pasar un poco de limpiacristales? Me siento sucio…

-          Depende de la carne que se vea, en marcha.