¿Y POR QUÉ TELLUS?
Normalmente el bautizar cosas
importantes (países, planetas, hitos geográficos llamativos o pasteles
deliciosos), responde a una pequeña series de posibilidades. Por ejemplo, ser
el primero en decirlo, la denominación de uso más general, dónde sucedió o una
imposición por la victoria de alguien. El que el planeta se llame a nivel
general Tellus es debido a esto último, aunque a diferencia de otras
situaciones, no vino de una guerra.
Hace siglos, hubo una cumbre de
magos y científicos. Para los habitantes de Tellus, pese a lo espectacular que
puedan ser las fuerzas arcanas, no son más que otra de esas aburridas fuerzas
de la naturaleza. Al mismo nivel que la gravedad o la imposibilidad masculina
de distinguir variedades cromáticas sutiles. Así que ya que iba todo junto, el
pensar en ciencia y magia por separado les parecía una tontería. A fin de
cuentas no eran más que dos ramas del saber y la técnica.
Pues ese día, hace tantos años, se
trataron distintos asuntos de tipo académico. Algunos tan aburridos como para
desear levantarte la tapa de los sesos a golpes de azada (lo normal en estas
reuniones), pero había un tema que despuntaba claramente. Los geógrafos,
cartógrafos, geólogos y otra fauna similar discutían cómo denominar a su mundo
de forma estándar.
-
A
ver… -el moderador jefe, un anciano geógrafo, intentaba llamar al orden-. Les
recuerdo que dado que la disputa de si el mundo es redondo, plano, hexagonal o
parece una enorme galleta, lo dejamos para el debate de pasado mañana. Hoy sólo
tenemos que escoger un nombre, así que eviten que las denominaciones incluyan
referencias a formas. ¿Entendido? Y eso va por la delegación de Jotunheim, que
el que sea un árbol va incluido en eso.
-
Pero…
-intentó protestar un hombre envuelto en pieles de lobo y con un casco con
cuernos.
-
¡He
dicho! Bien, así que pasemos a la lista de opciones –comenzó a leer una hoja-.
Veo que todos han tenido exactamente la misma idea, simplemente llamarlo como
se dice en sus países… Veo que está Gerekia, como dicen en el Imperio Púrpura y
Antropía. Los delegados de las grandes cordilleras del Continente Central dicen
que Bërzwoll. También tenemos del Continente Dorado: Armesia (mazdarano) y
Balhayan (deviano) entre otros muchos. Señores, a este paso no vamos a llegar
nunca a un acuerdo…
-
Pues
apliquemos otro criterio –intervino un delegado del Imperio de Seres.
Honorablemente, sugiero escoger en relación a la antigüedad de las
denominaciones…
-
¡Ah
no! –saltó una cartógrafa de Fidelia-. Mi país se constituyó hace dos siglos,
no podemos competir con el milenario Seres.
-
¿Y
por criterios numéricos? –volvió el sereano.
-
Claro,
como en vuestro país sois ciento y la madre que os parió…
-
¡Sin
faltar, bárbara!
-
¿Cómo
que bárbara? Me lo dice un tipo al que le encanta embutir los pies de las
mujeres como morcillas y que se deja ese bigote tan ridículo. ¿Se te indigestó
algún nido de golondrina cubierto de escupitajos de pájaro de esos que coméis?
-
¿Y
cómo es que una Fidelia hace algo que no implique que le paguen? –Fidelia era
una república de mercaderes bien conocida por sus tratos implacables.
-
¡Ven
aquí que te voy a arrancar ese mostacho con mis propias manos!
Y con eso bastó para que se
iniciasen los altercados. Entre este lío, siguiendo la tónica general en
política internacional, cada uno aprovechó para guardar por sus intereses y
atizar al que le tenía más manía. El moderador intentó calmar los ánimos pero
todo el mundo lo ignoraba y seguían peleándose.
Semejante revuelo duró unos
minutos hasta que de repente, se oyó un golpe sonoro y contundente. Era como si
alguien hubiese golpeado una piedra con un enorme mazo. Todos se quedaron
quietos en sus posiciones por pura sorpresa. ¿Qué podía haber sido eso? Pero
antes de que pudiesen siquiera buscar el origen del ruido, uno de ellos cayó al
suelo como si fuese un saco de patatas. Entonces vieron quién lo había hecho.
De pie, estaba el geógrafo Arcadio con cara de satisfacción y un libro en las
manos. En la portada ponía “Geografía”, su obra, y era bastante más voluminoso
que la edición de bolsillo. Además, todos pudieron apreciar claramente como la
cubierta tenía un destello metálico, estaba forrado con plomo y remaches de
hierro.
-
Queridos
compañeros –comenzó a hablar Arcadio-. Desde mi humilde opinión (y la de mi extenso
tratado), el nombre adecuado para nuestro planeta sería Tellus, como decían los
antiguos maestros del saber de mi país. Si a alguien no le gusta, estoy más que
dispuesto a discutirlo como acabo de hacerlo –y balanceó suavemente el libro.
En la contraportada se veía la
abolladura del cráneo del caído.
Y así el planeta fue bautizado
internacionalmente como Tellus.




