martes, 22 de septiembre de 2015

¿Y por qué Tellus?

 ¿Y POR QUÉ TELLUS?
            Normalmente el bautizar cosas importantes (países, planetas, hitos geográficos llamativos o pasteles deliciosos), responde a una pequeña series de posibilidades. Por ejemplo, ser el primero en decirlo, la denominación de uso más general, dónde sucedió o una imposición por la victoria de alguien. El que el planeta se llame a nivel general Tellus es debido a esto último, aunque a diferencia de otras situaciones, no vino de una guerra.
            Hace siglos, hubo una cumbre de magos y científicos. Para los habitantes de Tellus, pese a lo espectacular que puedan ser las fuerzas arcanas, no son más que otra de esas aburridas fuerzas de la naturaleza. Al mismo nivel que la gravedad o la imposibilidad masculina de distinguir variedades cromáticas sutiles. Así que ya que iba todo junto, el pensar en ciencia y magia por separado les parecía una tontería. A fin de cuentas no eran más que dos ramas del saber y la técnica.
            Pues ese día, hace tantos años, se trataron distintos asuntos de tipo académico. Algunos tan aburridos como para desear levantarte la tapa de los sesos a golpes de azada (lo normal en estas reuniones), pero había un tema que despuntaba claramente. Los geógrafos, cartógrafos, geólogos y otra fauna similar discutían cómo denominar a su mundo de forma estándar.
-          A ver… -el moderador jefe, un anciano geógrafo, intentaba llamar al orden-. Les recuerdo que dado que la disputa de si el mundo es redondo, plano, hexagonal o parece una enorme galleta, lo dejamos para el debate de pasado mañana. Hoy sólo tenemos que escoger un nombre, así que eviten que las denominaciones incluyan referencias a formas. ¿Entendido? Y eso va por la delegación de Jotunheim, que el que sea un árbol va incluido en eso.
-          Pero… -intentó protestar un hombre envuelto en pieles de lobo y con un casco con cuernos.
-          ¡He dicho! Bien, así que pasemos a la lista de opciones –comenzó a leer una hoja-. Veo que todos han tenido exactamente la misma idea, simplemente llamarlo como se dice en sus países… Veo que está Gerekia, como dicen en el Imperio Púrpura y Antropía. Los delegados de las grandes cordilleras del Continente Central dicen que Bërzwoll. También tenemos del Continente Dorado: Armesia (mazdarano) y Balhayan (deviano) entre otros muchos. Señores, a este paso no vamos a llegar nunca a un acuerdo…
-          Pues apliquemos otro criterio –intervino un delegado del Imperio de Seres. Honorablemente, sugiero escoger en relación a la antigüedad de las denominaciones…

-          ¡Ah no! –saltó una cartógrafa de Fidelia-. Mi país se constituyó hace dos siglos, no podemos competir con el milenario Seres.
-          ¿Y por criterios numéricos? –volvió el sereano.
-          Claro, como en vuestro país sois ciento y la madre que os parió

-          ¡Sin faltar, bárbara!
-          ¿Cómo que bárbara? Me lo dice un tipo al que le encanta embutir los pies de las mujeres como morcillas y que se deja ese bigote tan ridículo. ¿Se te indigestó algún nido de golondrina cubierto de escupitajos de pájaro de esos que coméis?
-          ¿Y cómo es que una Fidelia hace algo que no implique que le paguen? –Fidelia era una república de mercaderes bien conocida por sus tratos implacables.
-          ¡Ven aquí que te voy a arrancar ese mostacho con mis propias manos!
Y con eso bastó para que se iniciasen los altercados. Entre este lío, siguiendo la tónica general en política internacional, cada uno aprovechó para guardar por sus intereses y atizar al que le tenía más manía. El moderador intentó calmar los ánimos pero todo el mundo lo ignoraba y seguían peleándose.
Semejante revuelo duró unos minutos hasta que de repente, se oyó un golpe sonoro y contundente. Era como si alguien hubiese golpeado una piedra con un enorme mazo. Todos se quedaron quietos en sus posiciones por pura sorpresa. ¿Qué podía haber sido eso? Pero antes de que pudiesen siquiera buscar el origen del ruido, uno de ellos cayó al suelo como si fuese un saco de patatas. Entonces vieron quién lo había hecho. De pie, estaba el geógrafo Arcadio con cara de satisfacción y un libro en las manos. En la portada ponía “Geografía”, su obra, y era bastante más voluminoso que la edición de bolsillo. Además, todos pudieron apreciar claramente como la cubierta tenía un destello metálico, estaba forrado con plomo y remaches de hierro.

-          Queridos compañeros –comenzó a hablar Arcadio-. Desde mi humilde opinión (y la de mi extenso tratado), el nombre adecuado para nuestro planeta sería Tellus, como decían los antiguos maestros del saber de mi país. Si a alguien no le gusta, estoy más que dispuesto a discutirlo como acabo de hacerlo –y balanceó suavemente el libro. En la contraportada  se veía la abolladura del cráneo del caído.         
Y así el planeta fue bautizado internacionalmente como Tellus.

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