Ángela corría por las escaleras que
llevaban a su habitación. Había vuelto de dar un paseo y entonces su madre le
dio la buena noticia. ¡Por fin lo tenían! Les había costado más de un mes,
negociar con varias tiendas y un buen pastizal. Pero claro, ellos no iban a ser
menos que otros de sus conocidos que ya lo tenían. Eran una familia de
comerciantes que aunque no movía millones, tenían ciertas ganancias y les
gustaba hacerlo notar. De esas personas que van por ahí dejando bien claro que
llevan ropa nueva, cuánto les ha costado y presumen de su excelente diseño y
factura. Resumiendo, probablemente más de la mitad de los lugareños tenían ganas
de partirles la cara a golpe de yunque. Pero claro, seguía siendo un pueblo,
así que más valía llevarte bien con los vecinos. Probablemente los verías cada
día del resto de tu vida, así que mejor ser educados y corteses. Total, siempre
te quedaba la opción de ponerlos a parir cuando se daban la vuelta.
Pero a Ángela le daba lo mismo,
tenía lo que quería y todo lo demás le daba igual. Era hija única y sus padres
la valoraban tanto que probablemente se extralimitaban un poco a la hora de
mimarla. Aunque en este caso era como decir que un dictador que pasaba a
cuchillo hasta al perro tenía un gobierno un pelín severo. Así que Ángela,
ignoró todo lo que tenía alrededor (lo que incluía a los criados y que provocó
que una sirviente casi se cayese por las escaleras) y fue hasta su habitación.
Abrió la puerta con la misma delicadeza que un martillo pilón tira una pared y
lo vio.
Encima de la cama, cubierta con un
peligroso nivel de encajes y tan rosa y llena de peluches que debía provocar
diabetes, estaba una caja blanca. Se aproximó y la observó con detenimiento.
Tenía una superficie perfectamente lisa y pulida. Encima, había dibujado un
logo estilizado, la marca de la universidad de magos que la había producido.
Ángela le quitó la tapa, apartó el embalaje protector y allí estaba.
Un espejo.
Lo cogió y lo ponderó con
delicadeza, se preguntó cómo funcionaba. Había visto a algunos conocidos
usarlos, pero nunca cómo se empezaba. Aunque parezca que esta pobre (es un
decir) muchacha fuese tonta, no lo era tanto como parecía. Sacó del paquete un
papel que venía con unas instrucciones básicas de funcionamiento. Lo leyó un
momento y vio justo lo que necesitaba. Entonces sonrió, lo miró y dijo lo que
debía.
-
Espejo,
espejito –y como respuesta a sus palabras, la superficie reflectante del espejo
se nubló. Fue como si mirases por una ventana y afuera hubiese un incendio.
Duró unos segundos hasta que la humareda se disipó y en su lugar había un
rostro flotante con expresión neutra.
-
¡Gracias
por comprar un espejo mágico Heliotropic! ¡Desde la universidad de Aredia nos enorgullecemos de ofrecer los mejores productos arcanos para las necesidades del hombre corriente! ¿Cuál es el nombre de mi futuro amo/a?
- Soy Ángela Norvial.
- Perfecto, ¿y vuestro sexo?
- Eh... Mujer, ¿no es obvio?
- Hasta que no se introduzcan claramente esos datos no puedo aplicar razonamientos u opiniones. Vengo así de fábrica.
- Ah, claro, disculpa.
- No hay problema ama, tampoco es para tanto. Y ahora, ¿qué tipo de personalidad o servicios espera de mí?
- Pues... -normalmente la mayor duda existencial de Ángela era cómo iba a combinar el sombrero con los zapatos, cuestiones de la última tecnología de Tellus era algo que se le escapaba-. Supongo que estará bien con que seas amable.
- Perfecto, si desea cambiar la personalidad podrá ser solicitado luego. Introduciendo personalidad amable... Buenos días queridísima ama, ¿en qué puedo atenderos hoy en este día tan hermoso?
-
Mmm,
suenas un poco estirado. ¿Podrías ser algo más alegre y divertido?
-
¿Qué
he de entender por eso?
-
Yo
qué sé… Pues que hagas chistes, comentarios ocurrentes, que opines de mi ropa.
-
Ah,
ya veo… Quizás esto funcione… ¡¿Cómo va eso, ama?! ¡Hoy estás espectacular!
Puede que sólo sea una superficie reflectante y no tenga órganos, pero viéndote
hasta me late el corazón.
-
Eso
está mejor. ¿Y cómo hago que puedas mostrarme qué pasa lejos?
-
Dime
dónde o quién y te lo enseñaré en un santiamén
-
¿En
serio? ¿Sabrás hacerlo?
-
Por
supuesto, soy el mejor en mi trabajo. Estoy conectado a la red de reflejos. Los
espejos compartimos los datos que no son privados y cuánto más, mejor lo
hacemos.
-
Genial
porque quería espiar al chico que vive un par de calles más abajo… Será el hijo
del herrero pero está cañón…
-
Ay…
-aunque acabase de tomar consciencia, el espejo tenía ciertos conocimientos y
recuerdos que el fabricante pensó que le serían útiles-. Creo que debo decirte
que eso podría darte problemas legales y muchos sitios están bloqueados a mi
escudriñamiento…
-
Haz
lo que puedas al menos. Vamos… ¡Tiene unos brazos que parece un buey!
Entiéndeme…
-
¿Recuerdas
lo que dije de que no tengo órganos? Cuando careces de carne y hueso esas cosas
funcionan diferente…
-
¡Soy
tu ama! ¡Haz lo que te pido!
-
Bueno…
Aunque, ¿sabes que sirvo para otras cosas? Puedes hablar con amigos que tengan
un espejo u obtener información. Todavía está en fase de prueba, pero se pueden
leer algunos libros a través de mí y también escuchar música…
-
Has
costado un montón de dinero así que ya estás haciendo lo que te he ordenado. Quiero
verlo a él y ahora. Y si lo pillas bañándose en la alberca o algo así, ¡mejor!
-
No
me acabo de sentir cómodo con esto…
-
¡¿No
decías que no sentías las cosas igual?!
-
Creo
que la vergüenza sí.
-
¿Ah
sí? ¿Y el miedo? –Ángela abrió un cajón y sacó un martillo pequeño que sopesó
ligeramente.
-
¡Eso
seguro que sí! ¡Marchando un herrero en cueros! Aunque si no es mucho pedir,
¿luego me puedes pasar un poco de limpiacristales? Me siento sucio…
-
Depende
de la carne que se vea, en marcha.


No hay comentarios:
Publicar un comentario