miércoles, 7 de octubre de 2015

Nuevas Tecnologías

            Ángela corría por las escaleras que llevaban a su habitación. Había vuelto de dar un paseo y entonces su madre le dio la buena noticia. ¡Por fin lo tenían! Les había costado más de un mes, negociar con varias tiendas y un buen pastizal. Pero claro, ellos no iban a ser menos que otros de sus conocidos que ya lo tenían. Eran una familia de comerciantes que aunque no movía millones, tenían ciertas ganancias y les gustaba hacerlo notar. De esas personas que van por ahí dejando bien claro que llevan ropa nueva, cuánto les ha costado y presumen de su excelente diseño y factura. Resumiendo, probablemente más de la mitad de los lugareños tenían ganas de partirles la cara a golpe de yunque. Pero claro, seguía siendo un pueblo, así que más valía llevarte bien con los vecinos. Probablemente los verías cada día del resto de tu vida, así que mejor ser educados y corteses. Total, siempre te quedaba la opción de ponerlos a parir cuando se daban la vuelta.
            Pero a Ángela le daba lo mismo, tenía lo que quería y todo lo demás le daba igual. Era hija única y sus padres la valoraban tanto que probablemente se extralimitaban un poco a la hora de mimarla. Aunque en este caso era como decir que un dictador que pasaba a cuchillo hasta al perro tenía un gobierno un pelín severo. Así que Ángela, ignoró todo lo que tenía alrededor (lo que incluía a los criados y que provocó que una sirviente casi se cayese por las escaleras) y fue hasta su habitación. Abrió la puerta con la misma delicadeza que un martillo pilón tira una pared y lo vio.
            Encima de la cama, cubierta con un peligroso nivel de encajes y tan rosa y llena de peluches que debía provocar diabetes, estaba una caja blanca. Se aproximó y la observó con detenimiento. Tenía una superficie perfectamente lisa y pulida. Encima, había dibujado un logo estilizado, la marca de la universidad de magos que la había producido. Ángela le quitó la tapa, apartó el embalaje protector y allí estaba.
            Un espejo.
            Lo cogió y lo ponderó con delicadeza, se preguntó cómo funcionaba. Había visto a algunos conocidos usarlos, pero nunca cómo se empezaba. Aunque parezca que esta pobre (es un decir) muchacha fuese tonta, no lo era tanto como parecía. Sacó del paquete un papel que venía con unas instrucciones básicas de funcionamiento. Lo leyó un momento y vio justo lo que necesitaba. Entonces sonrió, lo miró y dijo lo que debía.
-          Espejo, espejito –y como respuesta a sus palabras, la superficie reflectante del espejo se nubló. Fue como si mirases por una ventana y afuera hubiese un incendio. Duró unos segundos hasta que la humareda se disipó y en su lugar había un rostro flotante con expresión neutra.
-          ¡Gracias por comprar un espejo mágico Heliotropic! ¡Desde la universidad de Aredia nos enorgullecemos de ofrecer los mejores productos arcanos para las necesidades del hombre corriente! ¿Cuál es el nombre de mi futuro amo/a?
-     Soy Ángela Norvial.
-    Perfecto, ¿y vuestro sexo?
-    Eh... Mujer, ¿no es obvio?
-    Hasta que no se introduzcan claramente esos datos no puedo aplicar razonamientos u opiniones. Vengo así de fábrica.
-     Ah, claro, disculpa.
-     No hay problema ama, tampoco es para tanto. Y ahora, ¿qué tipo de personalidad o servicios espera de mí?
-    Pues... -normalmente la mayor duda existencial de Ángela era cómo iba a combinar el sombrero con los zapatos, cuestiones de la última tecnología de Tellus era algo que se le escapaba-. Supongo que estará bien con que seas amable.
-    Perfecto, si desea cambiar la personalidad podrá ser solicitado luego. Introduciendo personalidad amable... Buenos días queridísima ama, ¿en qué puedo atenderos hoy en este día tan hermoso?
-          Mmm, suenas un poco estirado. ¿Podrías ser algo más alegre y divertido?
-          ¿Qué he de entender por eso?
-          Yo qué sé… Pues que hagas chistes, comentarios ocurrentes, que opines de mi ropa.
-          Ah, ya veo… Quizás esto funcione… ¡¿Cómo va eso, ama?! ¡Hoy estás espectacular! Puede que sólo sea una superficie reflectante y no tenga órganos, pero viéndote hasta me late el corazón.
-          Eso está mejor. ¿Y cómo hago que puedas mostrarme qué pasa lejos?
-          Dime dónde o quién y te lo enseñaré en un santiamén
-          ¿En serio? ¿Sabrás hacerlo?
-          Por supuesto, soy el mejor en mi trabajo. Estoy conectado a la red de reflejos. Los espejos compartimos los datos que no son privados y cuánto más, mejor lo hacemos.
-          Genial porque quería espiar al chico que vive un par de calles más abajo… Será el hijo del herrero pero está cañón…
-          Ay… -aunque acabase de tomar consciencia, el espejo tenía ciertos conocimientos y recuerdos que el fabricante pensó que le serían útiles-. Creo que debo decirte que eso podría darte problemas legales y muchos sitios están bloqueados a mi escudriñamiento…
-          Haz lo que puedas al menos. Vamos… ¡Tiene unos brazos que parece un buey! Entiéndeme…
-          ¿Recuerdas lo que dije de que no tengo órganos? Cuando careces de carne y hueso esas cosas funcionan diferente…
-          ¡Soy tu ama! ¡Haz lo que te pido!
-          Bueno… Aunque, ¿sabes que sirvo para otras cosas? Puedes hablar con amigos que tengan un espejo u obtener información. Todavía está en fase de prueba, pero se pueden leer algunos libros a través de mí y también escuchar música…
-          Has costado un montón de dinero así que ya estás haciendo lo que te he ordenado. Quiero verlo a él y ahora. Y si lo pillas bañándose en la alberca o algo así, ¡mejor!
-          No me acabo de sentir cómodo con esto…
-          ¡¿No decías que no sentías las cosas igual?!
-          Creo que la vergüenza sí.
-          ¿Ah sí? ¿Y el miedo? –Ángela abrió un cajón y sacó un martillo pequeño que sopesó ligeramente.
-          ¡Eso seguro que sí! ¡Marchando un herrero en cueros! Aunque si no es mucho pedir, ¿luego me puedes pasar un poco de limpiacristales? Me siento sucio…

-          Depende de la carne que se vea, en marcha.


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