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Y
ahora que por fin la mantícora ha dejado de tener gases, podemos comenzar…
El maestro había logrado,
finalmente, mantener un poco de orden entre los alumnos. Había que empezar el
temario rápidamente. Que a él no es que le importase, había perdido la
esperanza en la juventud hacía mucho. Pero ya sabía lo que te hacía el rector
si no ibas al día… Todavía había miembros del profesorado que se despertaban
con parásitos que sólo ellos veían y sentían como les roía la carne.
-
…Y
lo haremos por las leyes de la magia de Plakiarkos. ¿Les suena de algo? No es
que confíe mucho en vuestra educación previa, pero me tengo que cerciorar.
-
Plakiarkos
era un filósofo de Antropía –contestó una voz de entre la multitud.
-
En
efecto, es un antiguo filósofo que lleva la tira de años bajo tierra. Pero como
hizo bien su trabajo, todavía hablamos de él todos los días. Y el viejo
Plakiarkos lo hizo bien y fue de los primeros, por eso aún se habla de sus
reglas. ¿Puede alguien decirme alguna? –como respuesta, llegó un sonido que no
tenía palabras pero cuyo significado era evidente-. Espero que esa ventosidad
haya sido de la mantícora, porque con los
graciosos tengo poca paciencia. Les recuerdo que aparte de esto, soy
catedrático en electromancia. ¿Alguien quiere volver a casa bien frito? ¿No?
Pues espero una respuesta en menos de un minuto o empiezo a disparar –algunos
estudiantes se preguntaron si eso era una exageración. Miraron por un segundo
las manchas oscuras de fuego en la pared y decidieron que era mejor no
jugársela.
-
La
magia es omnipresente pero no de forma homogénea.
-
Exacto,
eso es lo que provoca que haya áreas de Tellus especialmente encantadas o lo
contrario. Seguro que alguno de los presentes ha visto alguna vez un lugar
famoso por apariciones extrañas, flora y fauna inusual o con anomalías. Como
ese pueblo donde la gente paga los impuestos con ilusión y sin necesidad de
sacar al ejército. Y en el lado contrario, eso sitios donde no funciona ni un
encantamiento simple. Más leyes de Plakiarkos, rápido.
-
¿Era
lo de los materiales que conducen o no la energía arcana? –respondió una
alumna.
-
En
efecto, igual que con la electricidad, la magia puede ser acumulada o repelida
por algunas materias. Todos conocen de sobra la hierba moli que puede impedir
que un hechicero use sus artes.
-
También
estaba lo de que la magia era difícil pero a veces hasta un tonto puede usarla.
-
Bingo.
El conocido lema de que puede costar fabricar una espada mágica, pero hasta un
campesino iletrado con un antojo extraño en la cara y una paternidad dudosa
puede usarla para que lo coronen rey. La causa por la que prácticamente todo el
mundo tiene algún artilugio arcano de uso doméstico. Que si un horno mil
infiernos, medios de transporte voladores, armarios refrigerentes…
-
Toda
magia tiene un precio.
-
Ya
era hora, la más importante y siempre la mencionan tarde. Para los que no hayan
usado aún sortilegios en condiciones, con el tiempo se cansarán cada vez más.
Todo cuesta algo, y a más poderoso el hechizo, más complicado es usarlo. Pero
que nadie tenga miedo, a menos que se pasen de la raya, no acabarán convertidos
en un montoncito de polvo ridículo. Y por eso mismo, tampoco recurrimos a lo
mágico para solucionar todos nuestros problemas. Muchas veces es más eficiente
limitarnos a métodos mundanos.
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La
emoción es necesaria para ser mago.
-
Exacto,
las mentes provocan alteraciones en los efluvios místicos del ambiente a través
de sus estados mentales. Una sensación muy intensa puede alterar el efecto
deseado. ¿Qué papel tiene en esto los encantamientos, palabras mágicas, gestos
y otras zarandajas? El que lo conteste se librará de cualquier electrocución de
aquí a que acabe el curso.
-
Es
necesario para favorecer que el mago encuentre el estado ideal para enfocarse
en sus conjuros.
-
Exacto,
es como… ¿Cómo era esa palabra deviana para una frase que repites al hacer algo?
-
¿Mantra?
-
Sí,
esa.
-
Profesor,
¿y la otra ley? La de que la magia tiene vida propia.
-
Por
supuesto. A veces, la energía chtónica puede aprender de las emociones que
interactúan con ella y volverse un ser sintiente, más o menos. ¿Cuántas veces
hemos oído hablar sobre estatuas parlantes, armas encantadas con personalidad y
similares?
-
¿Y
qué pasa con la posible relación de esta idea con la existencia de los dioses?
–a lo lejos se oyó como el viento comenzaba a soplar con fuerza.
-
Si…
¿Alguien sabe si ya han reparado el pararrayos de la universidad?
-
No
desde que cayó aquel rayo en el departamento de pensamiento ateo de la Facultad
de Filosofía.
-
Pues
hasta que no lo arreglen, no hablaremos del tema. Le tengo aprecio a mi vida y
los dioses suelen tener muy mal carácter. Y ahora analicemos estas premisas…

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